Suenan las notas
de un autor experto,
divididas en escalas
y en teclas de blanco y negro.
En un piso en las afueras,
toca el músico, sereno,
en un piso sin lujo,
en un piso lleno de anhelos.
Sus ojos están cansados,
su alma vaga en pena,
y los rayos del amanecer
un camino le enseñan.
¿Por qué no sigues tocando, amigo?
¿Por qué no tocas hasta el anochecer?
Tus dedos no están cansados,
no tienes nada más que hacer.
Él disfruta con su música,
aunque reconocer no lo quiera.
Los sonidos le traen recuerdos,
recuerdos de su vida entera.
Y llorando así se queda,
apoyado sobre la tapa lisa.
Nada más él necesita:
sólo un piano y una melodía nueva.
RAQUEL PEÑA. 3º ESO - B.
viernes, 24 de abril de 2009
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1 comentario:
Raquel, de verdad que el poema te ha quedado precioso!!!! ^^ lo tuyo es puro arte ;)
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